Toda imagen es una operación térmica que consume energía, desgasta materia y eleva la temperatura del sistema que la produce. Crear hoy implica participar en una economía de calor donde los flujos de datos sustituyen la representación y transforman la mirada en infraestructura. La visualidad contemporánea arde entre la aceleración tecnológica y el agotamiento de sus recursos, revelando que cada imagen es un residuo energético y una huella política del régimen que la sostien.